martes, enero 20, 2009

Fragmentos de Ender

Recientemente he tenido ocasión de completar la genial saga de Ender (en mi opinión una de las mejores obras no sólo del género de ciencia ficción si no de la literatura en general), de Orson Scott Card, con la lectura de sus dos volúmenes adicionales. Adicionales porque en realidad no forman estrictamente parte de la saga, se trata de dos volúmenes independientes que no es necesario leer para terminar la historia de Ender, pero cuya lectura, sin duda, es muy recomendable. Tanto Hijos de la Mente como la Sombra de Ender son obras sobresalientes, magníficas, profundas y emotivas, adornadas con un lirismo trágico y filosófico que conmueve. Hoy quiero compartir algunos fragmentos de Hijos de la Mente, los que más me han agradado o llamado la atención por diversos motivos.

Como introducción al capítulo 6, titulado "La vida es una misión suicida", Orson Scott Card ofrece al lector estos versos (nótese que Han Quing-jao es un personaje ficticio de la saga):

"¿Hablan entre sí
los dioses de diferentes naciones?
¿Hablan los dioses de las ciudades chinas
con los antepasados de los japoneses?
¿Con los señores de Xibalba?
¿Con Alá? ¿Yahvé? ¿Visnú?
¿Hay alguna reunión anual
donde comparan a sus adoradores mutuos?
Los míos inclinan la cara sobre el suelo
y siguen por mí las vetas de la madera, dice uno.
Los míos sacrifican animales, dice otro.
Los míos matan a cualquiera que me insulte, dice
un tercero.
Ésta es la pregunta que más a menudo me planteo:
¿Hay alguno que honradamente pueda alardear de que
sus adoradores obedezcan sus buenas leyes,
y se traten unos a otros amablemente,
y vivan vida generosa y sencilla?"



de Los susurros divinos de Han Quing-jao





Más adelante, en ese mismo capítulo de título perfecto,
"La vida es una misión suicida":


La Reina Colmena permanecía inmóvil. Había acabado de poner huevos por ese día. Sus obreras dormían en la oscuridad de la noche, aunque no era la oscuridad lo que las detenía en las profundidades de la cueva que era su hogar. Más bien era la necesidad de estar a solas con su mente, de descartar los miles de distracciones de los ojos y los oídos, los brazos y las piernas de sus obreras. Todas ellas requerían su atención para funcionar, al menos de vez en cuando; pero también le hacían falta todos sus pensamientos para escrutar su mente y recorrer todas las redes que los humanos le habían enseñado a considerar como filóticas. El padre-árbol pequenino llamado Humano le había explicado que, en uno de los idiomas de los hombres, tenían que ver con el amor. Las conexiones del amor. Pero la Reina Colmena sabía algo más. El amor era el salvaje acoplamiento de los zánganos. El amor eran los genes de todas las criaturas pidiendo ser copiados, copiados, copiados. El enlace filótico era otra cosa. Había en él un componente voluntario; si la criatura era verdaderamente inteligente podía ser leal a lo que quisiera. Esto era algo más grande que el amor, porque creaba algo más que descendencia aleatoria. Allí donde la lealtad unía a las criaturas, estas se convertían en algo más grande, algo nuevo, entero e inexplicable.
-Estoy unida a ti, por ejemplo- le dijo a Humano, para iniciar su conversación de hoy. Hablaban así todas las noches, de mente a mente, aunque nunca habían llegado a verse. ¿Cómo podrían hacerlo, ella siempre en la oscuridad de su hogar, él siempre enraizado junto a la verja de Milagro? Pero la comunicación mental era más fiel que ningún lenguaje, y se conocían mejor de lo que se habrían conocido usando la vista y el tacto.
-Siempre empiezas en mitad del pensamiento- dijo Humano.
- Y siempre comprendes todo lo que lo rodea, ¿qué diferencia hay entonces?


Del capítulo 1, "No soy yo mismo":

-Puedo llamar a los espíritus de las vastas profundidades- repitió él. Y luego, cambiando un poco su voz y sus modales, se respondió a sí mismo- : Vaya, y yo también, o cualquier hombre. ¿Pero vienen cuando los llamas?
-¿Shakespeare?- trató de adivinar ella.
Él sonrió. A Wang-mu le recordó la forma en que los gatos sonríen a las criaturas con las que juegan.
-Eso es lo que se dice siempre cuando un Europeo cita a alguien.

4 comentarios:

Dr.Lemur dijo...

Qué grandes libros los dos. Sin duda la persona que te los dejó es un tipo excelente y un gran amante. Por cierto, hay un tercer libro protagonizado también por Bean "La sombra del hegemón", pero no ´se si está publicado en español

Walkirja dijo...

Sin duda lo es, además de un individuo sumamente observador y atento que toma nota de cuanto le digo, y se dedica a hacerme feliz desaforadamente.

Creo que ese libro sí está en español, me suena, pero lo buscaré.

Anónimo dijo...

hola! me gustaria que subieras mas viñetas de los bicho palo, son muy buenos.
gracias!

Walkirja dijo...

Estoy de acuerdo: son muy buenos. Ahora mismo subo dos viñetas para compensar todo el tiempo de retraso que llevo.